sábado, 21 de junio de 2014

ME LLAMO JUSTICIA, 'JUSTI' PARA LOS CORRUPTOS.



Un jurista romano decía, hace ya algún siglo que otro, que la justicia básicamente se basaba en ser honesto, no hacer daño a nadie y dar a cada uno lo suyo. Y suena bien la verdad, pero con el paso del tiempo, en nuestro país este ideario ha ido, digamos, ‘evolucionando’. Efectivamente, la justicia hoy en España moderniza estos términos en ser honesto con el que me mantiene en el poder, hacer daño solo al que me desafíe y llevarnos cada uno lo nuestro.

Pensará el lector, tal vez, que he sido un poco duro así de antemano con la justicia de nuestro país. O tal vez no. Si hablamos de política, todos estamos de acuerdo de que la crisis institucional y la imagen de los políticos son nefastas a día de hoy. Pues qué pensarían entonces si les digo que política y justicia en España podría recogerse en el diccionario de la RAE como sinónimos. 

Nuestra constitución, aunque no lo parezca, de las más modernas dentro de los países pertenecientes a las mal llamadas democracias occidentales, aseguraba en 1978 la separación e independencia de los tres poderes que vertebran un estado: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Esta independencia es la garantía de una democracia sana y plena. Pues bien, desde esa fecha, numerosas reformas han venido socavando dicha separación de poderes, hasta tal punto, que es el poder político el que controla totalmente al poder judicial, dicho sea de paso, el único órgano encargado de auditar y velar por la honestidad y finalidad de dicho poder político.

Las reformas a las que hago mención (leyes orgánicas de 1985, 2003 y posteriores reformas hasta hoy) dan a los políticos el don atribuido por ellos mismos de elegir a los integrantes de los órganos más importantes del poder judicial, el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), el Tribunal Superior de Justicia y el Tribunal Constitucional.

Evidentemente los partidos mayoritarios, dícese PP y PSOE, se reparten los nombramientos de los vocales en dichos órganos. Por lo que el CGPJ, órgano que controla hasta el ascenso de un alguacil dentro de un juzgado, podríamos decir, es afín a esos dos partidos políticos.

Dicho todo esto, ¿alguien cree por tanto que algún político corrupto de ambos partidos puede sentir el más mínimo miedo a ‘trapichear’ llenándose los bolsillos, quien dice bolsillos dice cuentas en Suiza? Evidentemente no. 

Mucho ingenuo puede decir, pero si PP y PSOE no dejan de tirarse los trastos los unos a los otros. Si parte del CGPJ está controlada por PP y otra por PSOE, uno destapará los casos de corrupción de los otros y las penas serán ejemplares en tal caso. Pues nada más lejos de la realidad. A esos niveles funciona el hoy por ti y mañana por mí. Yo no toco a los tuyos si tu no tocas a los míos.

Sin hablar de que pobrecito del juez que ose levantar la mano para decir, oiga usted, fulanito se está llevando el dinero de los ciudadanos clamorosamente y todo su entorno es cómplice de ello. En dos semanas pasa de preguntar al abogado defensor por su alegato final a preguntar detrás de una caja de McDonalds si desea patatas gajo con el menú Happymeal.

¿Pero y el caso Gurtel o el caso de los ERE's? Se están juzgando. Sí, pero estos no son casos, son escándalos. Y solo cuando el ‘corruptómetro’ llega a niveles de escándalo y toda la sociedad se hace eco del asunto, ya no le queda más remedio al poder político/judicial que entrar de lleno y buscar probablemente cabezas de turco ejemplarizantes y ponerse la medalla de que se lucha contra la corrupción y que se vela por la legalidad ante todo. Algo tan falso como un billete de 7 euros.

Vivimos en una democracia tiránica, en la que le poder político se ha atribuido todo el control y hace y deshace sin pudor como le place. Es sangrante como puede haber imputados en las listas de los partidos o campando a sus anchas con gesto desafiante a la sociedad. Como un ‘pobrecito’ que roba cuatro duros por desesperación pura y dura se pudre en la cárcel y los presos de traje de Armani pasan un añito sabático en prisión por robarnos a todos los ciudadanos más de lo que podamos ganar juntos a lo largo de nuestras vidas los que pasemos a leer estas letras. Después claro está todo el patrimonio y las cuentas en las islas Caimán, siguen intactos.
He sido benévolo creo, he mandado un año a la cárcel a un supuesto corrupto. Cuando la mayoría llena palcos de eventos deportivos, tienen primera fila en la ópera o se pasean en yate por Palma de Mallorca, sin haber pisado jamás un juzgado.

Es el momento de que exijamos que se cumpla de verdad nuestra Constitución, de que se nos garantice de verdad la independencia de la justicia, de que tengamos una justicia igual para todos. Es la medicina que necesita nuestra enferma democracia. ¿Por qué tienen que ser los políticos los encargados de controlar a los jueces y no al revés? Es de sentido común. 
Deberíamos ser nosotros, los ciudadanos, los que deberíamos elegir también a estos órganos, ¿por qué no? Sería una doble potenciación de nuestra democracia: nosotros elegimos los pastores del rebaño político garantizando así su independencia.

No más indultos, no más leyes absurdas creadas con fines políticos, no mas sobres, no más ERE’s…. no mas Gallardones. Saquemos la basura de nuestra casa, que ya empieza a oler.

jueves, 19 de junio de 2014

MONARQUIA O REPUBLICA

Creo que estamos en el siglo XXI, o eso dicen cuando quieren dar a ver que estamos en un tiempo evolucionado y de progreso. Un tiempo actual que se nutre del pasado, depurando y absorbiendo lo útil de lo que nos ha pasado.
Pues bien, parece ser que este concepto universalizado no termina de plasmarse en una realidad. Cronológicamente es cierto que estamos en el siglo XXI, pero tal vez no nos demos cuenta de que existen a nuestro alrededor agujeros de gusano que nos retrotraen a tiempos pasados.
Es el caso del manido debate que en estos días nos inunda: MONARQUIA o REPUBLICA.
Es difícil pensar, en el siglo XXI, que alguien se pueda considerar monárquico basándose en algo más que no sea el mero romanticismo de épocas pasadas. Es lógico pensar que el individualismo y nuestra libertad a elegir nos decante por un modelo en el que nosotros seamos los que elijamos y no se nos venga impuesto por herencias ancestrales.
Todo esto nos haría pensar pues que es la República la opción lógica, pero ¿es esto así realmente?
Mucho se está hablando en estos días del dispendio que supone mantener a una familia real y los escándalos que la salpican. Pero, ¿están libres los políticos precisamente de escándalos?
Sinceramente a mi me da igual que haya un político, elegido por el pueblo, como muchos imputados por corrupción, que también habrá que mantener y que cuando se retire disfrute de una renta vitalicia por los servicios prestados. O tener un rey.
Es más, hay repúblicas en las que el ciudadano no elige realmente al jefe de estado, sino que son los integrantes del propio gobierno los que se encargan de elegirlo en una votación cerrada. ¿Políticos eligiendo a otro político para que esté en la cúspide del estado? Miedo me da. ¿Y qué función tendría este político?, ¿Cómo la que ha venido ejerciendo el Rey hasta ahora?
Sinceramente, para eso, aunque me considere con principios no monárquicos, prefiero un rey Felipe VI que lleva durante toda su vida preparándose para ello, que es un profesional de la jefatura de estado, a un político de dudosa preparación.
Hay que ser práctico, sensato. Y, como mencionaba al principio, no caer en debates o confrontaciones de otro tiempo. Señores/as de la era digital, lo que hay que exigir al jefe de estado es que sea leal, profesional, austero y que defienda nuestros intereses. Si es un rey el que lo hace, contará con mi total apoyo y admiración, dados los tiempos que corren. Si no es así, será al momento de abrir un debate para modificar el modelo de estado.
Y puestos a debatir, ¿por qué la alternativa es la república? No sería más lógico un modelo en el que tan solo haya un gobierno sin más. Un presidente de gobierno de turno que además sostenga el peso de la jefatura de estado. Más democrático que esto, bajo mi humilde punto de vista, no hay nada. El pueblo lo elige cada cuatro años y nos ahorraríamos un buen pico en gastos para el estado.
Por qué nos empeñamos en España siempre en tener que elegir entre papá y mamá, entre blanco o negro. Hay más alternativas y toda una escala de grises. Tan equivocados están los que quieren imponer la monarquía como los que nos quieren llevar a una república. Si queremos democracia, tengámosla de verdad.
Pero no es el momento de plantear esto, hay que ser prácticos y sensatos en la coyuntura que vivimos. La sucesión en la monarquía es el menor de los problemas de este país y el desgaste de su debate distrae de debates realmente necesarios. Por todo ello, digo si a Felipe VI, si a darle la oportunidad que nuestra Constitución le abre para ser un buen jefe de estado. Pero si no es capaz de lograrlo, entonces ya hablaríamos....